Biblioteca Nacional

La Biblioteca Nacional fue una de las últimas obras llevadas a cabo por la reina Isabel II. Para ello se eligieron los terrenos en la zona preferida por los nobles y ricos de la época para fijar su residencia y donde el Estado tenía algunos de sus edificios más representativos. El diseño y las obras iniciales se deben a Francisco Jareño, quien trabajó en este ambicioso proyecto de 1865, un momento de inestabilidad política y falta de recursos económicos. Jareño organizó un espacio central octogonal de gran altura inscrito en un cuadrado que comunica cada una de las salas que lo componen.

Viejo y cansado, Jareño se retira de las obras y fue sustituido por Antonio Ruiz de Salces, quien se haría cargo de las obras desde 1875 hasta su terminación en 1892. Ruiz de Salces simplificó el proyecto original tanto en su aspecto decorativo como en el estructural. El espacio central, la gran sala de lecturas, pasó de un octógono a un cuadrado y la fachada principal se aligeró al suprimir la decoración neoclásica inicial y el pórtico de entrada, de orden gigante, que se sustituyó por tres sencillos arcos de medio punto. El frontón que la remata por realizado por Agustín Querol. Con él colaboraron Francisco Pérez Valle, José Piquer y Alcoverro, quienes realizaron las esculturas de los reyes Isabel II y Francisco de Asís, en el vestíbulo, y las de los sabios españoles que adornan la escalinata principal.

La parte posterior del edificio alberga el Museo Arqueológico Nacional.

Hay que destacar que la Biblioteca Nacional cuenta con un museo, antiguo Museo del Libro, que ofrece la oferta educativa, formativa, cultural y de ocio de la institución para el gran público y divulga con rigor las colecciones, funcionamiento e historia de la Biblioteca Nacional. La entrada es gratuita y se puede visitar de martes a sábados: de 10.00 a 21.00 y los domingos de 10.00 a 14.00.

 

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