Palacio de Liria

El Palacio de Liria, en medio de una de las zonas más bulliciosas de la capital, encontramos un espacio donde se perpetúan las grandes hazañas militares, políticas y culturas que, desde el siglo XII, han contribuido a forjar la Historia de España. El mismo edificio nos habla del carácter que durante siglos ha forjado a sus moradores. Mandado construir por el III Duque de Berwick en la segunda mitad del siglo XVIII, lo edifica Ventura Rodríguez. Situado entre dos jardines, el delantero, inglés, y el trasero, francés, sus impresionantes fachadas fueron las únicas que resistieron la ruina que provocó la Guerra Civil en el palacio. El XVII Dique, don Jacobo, asumió la obligación resumida en la inscripción que figura en la escalera del palacio y que tomó de Cicerón: “Para los dioses inmortales cuya voluntad fue, no solo el que yo heredara estas cosas de mis antepasados, sino el que se las transmitiera también a mis descendientes”.

La pasión por el arte, el buen gusto y el amor por lo que les es tan propio queda reflejado en el interior del edificio. La exquisita decoración, el cuidadoso detalle con que cada una de las piezas es situada, atendiendo a criterios históricos y artísticos, hacen que el paseo por sus salones exceda el ámbito cultural y que el asombro no sea solo causado por la belleza y grandiosidad de lo expuesto, sino que intervenga una sensación de agradecimiento por el mimo con que se nos ofrecen a la vista.

La pinacoteca del Palacio supone repasar, casi sin excepción, la lista de los más importantes pintores europeos. Velázquez, Goya, El Greco, Zurbarán, Ribera, Murillo, Vicente López, Federico y Raimundo Madrazo o Zuloaga, entre los españoles, acompañan a Fra Angélico, Palma ‘Il Vecchio’, Perugino, Rubens, Tiziano, Pablo Veronés, Bonifazio Veronese, Mengs, Brueghel de Velours, David Teniers o Vlieger, entre otros muchos artistas.

La colección de tapices merece especial atención. Desde el que en el vestíbulo principal representa ‘La lucha de los griegos y las amazonas y la muerte de la reina Pantasilea’, la pieza más antigua documentada, hasta los tres tapices que representan ‘La victoria del Gran Duque de Alba en Guemmingen en 1568’, pasando por los elaborados Gobelinos, muy especialmente los espectaculares retratos de Napoleón III y la emperatriz Eugenia de Montijo.

Esta breve visita se enriquece con la contemplación del mobiliario, las colecciones de relojes, de armaduras (a destacar la que perteneció al Conde-Duque de Olivares), de espejos y, en definitiva, del conjunto de excepcionales piezas que guarda este palacio.

Se permite la visita a este edificio previa concertación. Las visitas son guiadas y la lista de espera es bastante amplia.

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