Colegiata de San Isidro el Real

Colegiata de San Isidro el RealLa Colegiata de San Isidro el Real se construyó como iglesia del Colegio Imperial de la Compañía de Jesús bajo la advocación de San Francisco Javier. Se siguió el diseño de los arquitectos jesuitas Pedro Sánchez y Francisco Bautista. Las obras duraron desde 1622 hasta 1644. La iglesia sustituyó a la parroquia de San Pedro y San Pablo, del siglo XVI. Ésta se demolió junto al primitivo Colegio Imperial. Se siguieron las instrucciones dejadas en su testamento por María de Austria (1528-1608), hija de Carlos I.

Luis Román y Melchor de Bueras tomaron el relevo de las obras. La iglesia se consagró el día de San Ignacio del año 1651 y continuando las obras en el Colegio. Fue Carlos III quien, tras decretar la expulsión de los jesuitas en 1767 y confiscar todos sus bienes, cambió la advocación de la iglesia por la de San Isidro. Su interior se reformó según el diseño de Ventura Rodríguez. Proyectó un nuevo presbiterio y el retablo del altar mayor, además de una rica decoración.

La Colegiata de San Isidro el Real fue la Catedral de Madrid hasta la terminación de la Catedral de la Almudena. Allí se trasladaron dos imágenes históricas que se veneraban en San Isidro: la Virgen de la Almudena; y el Cristo de la Buena Muerte, como se conoce a este Jesús Crucificado de Juan de Mesa.

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Iglesia de San Ginés de Arlés

Iglesia de San Ginés de ArlésLa Iglesia de San Ginés de Arlés está situada en la calle del Arenal, número 13. Se trata de la más antigua iglesia madrileña extramuros. Es de origen mozárabe y data de los siglos XI-XII. La primera noticia documentada sobre esta iglesia está fechada en 1354. Se produjo un robo sacrílego que una bula de Inocencio XV intentó paliar, según reza en la placa de la fachada principal. Delante de ésta hay un atrio cerrado por verjas de hierro. Está levantado sobre un antiguo cementerio que rompe la continuidad de la calle.

Su estructura actual se debe a una ampliación y reforma que tuvo lugar en 1645. La obra se encomendó finalmente a Juan Ruiz. Con posterioridad, en el siglo XVIII, tras un nuevo incendio de los muchos que ya había sufrido la iglesia, se renovaron las estructuras de la cúpula y de sus tres naves de la mano de Francisco Sánchez. La mayoría de sus esculturas y pinturas se restauraron en el siglo XIX, desapareciendo así los pocos vestigios que quedaban de la fundación original.

A los pies de la iglesia se levanta la Capilla del Cristo, en donde se conserva un destacable conjunto de pinturas, entre las que se encuentra una de las versiones que hizo El Greco de su ‘Expulsión de los mercaderes del Templo’; otra de Alonso Cano, que lleva por título ‘Cristo en el Calvario’; una de Antolínez, la ‘Inmaculada Concepción’; y también la ‘Presentación de Nuestra Señora’, de Lucas Jordán. En la capilla de la Milagrosa está el conocido ‘Lagarto de San Ginés’. Es un caimán disecado regalo de Alonso de Montalbán en 1496.

En la Iglesia de San Ginés de Arlés se bautizó a Quevedo; se casó Lope de Vega; y también falleció Luis de Vitoria.

Junto a la iglesia, en su lado izquierdo, en el Pasadizo de San Ginés, se levanta una librería. Su reducidísimo espacio obliga a ofrecer sus libros, casi tan antiguos como ella, invadiendo la acera. La imagen es muy característica de este pedazo de Madrid tan histórico y especial.

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Monasterio de las Descalzas Reales

Monasterio de las Descalzas Reales

Monasterio de las Descalzas Reales

El Monasterio de las Descalzas Reales se encuentra enclavado en el corazón de Madrid, donde continúa una vida de oración. Un palacio convertido en convento; una escalera sorprendente; una colección de pintura; escultura y tapices admirables. Esto y mucho más nos encontraremos al recorrer este poco conocido monasterio.

Lo fundó Doña Juana de Austria gracias al consejo de San Francisco de Borja. Se levantó en el antiguo palacio de Alonso Gutiérrez, Contador de Carlos V, un monasterio con las monjas clarisas de Gandía. La propia hermana del santo jesuita, Sor Juana de la Cruz, fue su primera abadesa. Todo eso sucedió a mediados del siglo XVI, pocos años antes de que Madrid se convirtiera en capital del Imperio.

Las obras para adaptar el palacio a su nuevo uso las llevó a cabo por el arquitecto Juan Bautista de Toledo. Él era el encargado por aquel entonces de las obras en el Monasterio de El Escorial. Se ocupó principalmente de la iglesia y de su portada. Antonio Sillero continuó la reforma. Conservó el zaguán, el patio de columnas y las trazas de la escalera del antiguo palacio. Añadió cocinas, refectorio, Sala Capitular, capillas y celdas. Una pequeña zona del palacio se respetó acondicionando su uso para los aposentos particulares de Doña Juana. Tras un incendio en el siglo XVIII la iglesia se reformó según el diseño de Diego de Villanueva.

En el interior del Monasterio de las Descalzas Reales encontraremos múltiples obras de arte, pero conviene destacar tres:

  1. La escalera principal: se trata de una obra singular llevada a cabo por Francisco Ricci; Claudio Coello; Jiménez Donoso; Dionisio Mantuano; y, posiblemente, Antonio de Pereda. Todos ellos eran además fieles seguidores de la maestría de Mitelli y Colonna. Los trajo Velázquez desde Bolonia para embellecer los palacios del rey.
  2. Las capillas que rodean el claustro: en elas encontraremos los más bellos esfuerzos del fervor popular junto a obras de primera línea. En una de estas capillas estuvo, hasta el siglo XIX, la famosa ‘Anunciación’ de Fra Angélico, actualmente expuesta en el Museo del Prado.
  3. La sala de tapices: se exponen piezas fabricadas en los talleres de Bruselas por Raes y Geubels para la hija de Felipe II, Isabel Clara Eugenia.

Es posible visitarlo por dentro. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los horarios son reducidos y las visitas son guiadas para grupos pequeños. Esto dificulta la visita si no se hace una pequeña cola antes de que abran las puertas del monasterio. Se puede encontrar más información sobre los precios de las entradas y los horarios del monasterio en la página web de Patrimonio Nacional.

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Real Monasterio de la Encarnación

Real Monasterio de la Encarnación

Real Monasterio de la Encarnación

El Real Monasterio de la Encarnación fue obra de Juan Gómez de Mora y Fray Alberto de la Madre de Dios. Su iglesia ha servido como modelo a numerosas fundaciones madrileñas. Fundado en 1610, delante de su fachada encontramos un atrio o compás que crea un ámbito de respeto y remanso urbano. Sus tres arcos, el relieve de la Anunciación en el segundo cuerpo y los escudos reales (Felipe III y Margaria de Austria), todo ello rematado por un frontón triangular con oráculo, harán de esta fachada un modelo-tipo que denominarán los historiadores como ‘carmelitano’. El interior de la iglesia se debe a Ventura Rodríguez, quien lo remodeló en 1755. Cambió el espacio barroco del siglo XVII por un interior diferente.

La iglesia es el eje del conjunto monacal. En un lado están las dependencias y servicios (viviendas del sacristán y capellanes). Al otro, a través del claustro, se desarrolla la vida de clausura de las religiosas, las Agustinas Recoletas.

El Real Monasterio de la Encarnación mantiene el espíritu religioso que introdujera Mariana de San José. Esto a pesar de permitir su visita como museo a gentes religiosas y simples curiosos. En su interior encontraremos obras de grandes maestros de la pintura, arquitectura y escultura. Como por ejemplo José de Ribera, Antonio de Pereda, Carreño o Gaspar Becerra. También hay gran cantidad de obras anónimas, como la ‘Entreda de Princesas’, de 1616. El Relicario, con la tabla de Luini, y la colección de cofres con piedras y metales preciosos son, sin discusión, las mayores joyas para los visitantes.

Quienes quieran obtener más información sobre los horarios del monasterio y el precio de las entradas debe visitar la página web de Patrimonio Nacional.

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Iglesia de San Jerónimo el Real

Iglesia de San Jerónimo el RealLa Iglesia de San Jerónimo el Real inicia su historia a mediados del siglo XV. Enrique IV decidió fundar el convento de los Jerónimos a orillas del río Manzanares. Poco más tarde, los Reyes Católicos decidieron trasladarlo a su actual emplazamiento. Por aquel entonces, el convento quedaba completamente extramuros del recinto urbano. Su lejanía de la villa y el lugar en alto sobre una inmensa arboleda hizo que fuera un lugar ideal para el retiro espiritual de los monarcas. Desde entonces y hasta el siglo XVIII, esta zona de Madrid fue conocida como ‘El Prado de San Jerónimo’.

En los recintos monacales que se ordenaban alrededor de la iglesia pasó largas estancias el rey Carlos I. Más tarde se retiró definitivamente en el convento de Yuste. Felipe II continuó la tradición emprendida por su padre. Además hizo ampliar las estancias en las que se retiraba al arquitecto Juan Bautista de Toledo. Éste, alrededor de la cabecera del templo, dispuso el llamado ‘cuarto real’, desde el que el monarca podía asistir de forma privada a las celebraciones religiosas.

Desde este reinado hasta el de Isabel II, los distintos sucesores a la Corona juraron en esta iglesia su cargo como Príncipes de Asturias. También se han celebrado varias bodas reales, como la de Alfonso XIII. Para esta ocasión se construyó la escalinata de entrada con el fin de salvar el gran desnivel que quedaba entre el templo y el Paseo del Prado.

La guerra de la Independencia destruyó el conjunto conventual. De la iglesia sólo quedaron en pie sus muros y su cubierta. Fue Isabel II la que acometió y modificó el diseño original. Actualmente, el claustro de la Iglesia de San Jerónimo el Real forma parte de la última ampliación del Museo del Prado. Dicha reforma la llevó a cabo el arquitecto español Rafael Moneo.

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Panteón de Hombres Ilustres

Panteón de Hombres Ilustres

Panteón de Hombres Ilustres

A principios del siglo XVI, Carlos I transformó la antigua ermita de la Virgen de Atocha en convento de dominicos. En 1837 se convirtió en Cuartel de Inválidos. Los enterramientos pasan a ser de jefes militares, adquiriendo un cierto carácter de panteón. Fue Fernando Arbós quién instalaría en este templo el Panteón Nacional.

Arbós concibió el panteón como espacio distinto a de la Basílica, dejando así constancia del carácter secular que debía revestir. No obstante estaba integrado en el conjunto a modo de claustro.

En el Panteón se encuentran enterrados personajes tan ilustres como el Marqués del Duero; Eduardo Dato; Práxedes Mateo Sagasta; José Canalejas; y también José Cánovas del Castillo. Los mausoleos son obra, la mayoría de ellos, de Mariano Benlliure, salvo de Cánovas, obra de Querol, y el de Ríos Rosas, construido por el catalán Stanvi. En el centro del claustro se erige una columna que resalta el carácter patriótico del lugar. Allí figura además la inscripción ‘Pro patria mortuis honor et pax’.

Se puede encontrar más información sobre el precio de las entradas y los horarios en la página web de Patrimonio Nacional.

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Convento de las Salesas Reales

Convento de las Salesas Reales

Convento de las Salesas Reales

El Convento de las Salesas Reales es uno de los más importantes conjuntos arquitectónicos y escultóricos de Madrid. Barroco en su estructura y con detalles rococó en su decoración, entronca con la mejor tradición arquitectónica de Europa.

La fachada es de triple pórtico con orden gigante rematado por frontón con el escudo de Bárbara de Braganza. Destacan la gran riqueza ornamental con esculturas en hornacinas y medallones, detalles florales e importantes molduras.

Su interior, de una sola nave cubierta por bóveda de cañón con lunetas y cúpula sobre pechina y tambor en el centro del crucero, conserva importantes obras, como los monumentos funerarios de Fernando XI y Bárbara de Braganza, mandados construir por Carlos III y realizados, según traza de Sabatini, por Francisco Gutiérrez, los dos mismos autores de la famosa Puerta de Alcalá. En el primero de ellos, distintas alegorías simbolizan la figura del monarca: dos leones, realizados en bronce, sostienen el cofre. A sus lados, las imágenes de la Abundancia y la Justicia que sostienen la balanza. Sobre el cofre, varios ángeles sostienen los símbolos del poder real y un medallón con el retrato de la reina.

Al otro lado de la nave se encuentra el monumento funerario del general O’Donnell. Es una estatua yacente realizada en estilo neoplateresco por Jerónimo Suñol en el siglo XIX. En una capilla independiente se cobija el sepulcro de Doña Bárbara de Braganza. Se realizó en los mismos términos y por los mismos autores que el de su marido.

En 1870 el convento sufrió las consecuencias de la expropiación. La comunidad religiosa se trasladó entonces al convento de la calle Santa Engracia, las Salesas Nuevas, transformándose el monasterio original en Palacio de Justicia.

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